Domingo 20 de octubre de 2019

Furiase: “Por la forma que llega la economía al 2020 no hay manera de financiar populismo y salir ilesos”

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-¿Cómo evalúa el panorama económico que se presenta en el que hay restricciones financieras?
-Claramente es muy complicada esta transición hasta octubre o noviembre, donde después de las PASO el Gobierno tuvo que tomar medidas muy fuertes. Es que había pérdida de reservas por tres canillas diferentes: una por pagos de vencimientos de deuda; otra porque el Banco Central tenía que vender muchas divisas porque la gente se dolarizaba; y la última por la salida de depósitos en dólares. A partir de eso, el Gobierno tuvo que aplicar dos medidas con costo político muy importante: el reperfilamiento de la deuda para cerrar el primer grifo de caída de reservas y, por otro lado, los controles de capitales. Es decir, los límites a las compras de moneda extranjera para cerrar el grifo de la demanda.
-¿Cómo evalúa las últimas medidas tomadas por Macri de reperfilamiento de deuda y de cepo cambiario?
-Es un primer paso para resolver el tema de la deuda, el problema es que al haber incertidumbre política y que el mercado espera que Alberto Fernández gane, Macri tiene pocas chances para poder resolver eso. Ahora sigue quedando la incertidumbre política y la inestabilidad financiera porque no hay certidumbre en torno a saber cuál va a ser el programa financiero económico en 2020 hacia adelante, y ese desconocimiento pasa factura en el riesgo país, en el tipo de cambio y en las reservas.
-¿Cuánto complica al Gobierno que el Fondo Monetario no gire más fondos?
-En ese contexto, es difícil que el Fondo Monetario otorgue un desembolso antes del 10 de diciembre. Es que con un riesgo país arriba de los 2.000 puntos básicos y un Banco Central que pierde sistemáticamente reservas, el problema está en que si no está el desembolso del FMI la brecha de dólares que se necesitan de acá a fin de año por vencimiento de deuda se agranda a u$s1.900 millones.
Pero diría que el principal inconveniente está en pesos, en septiembre se concentró una diferencia fiscal de $173.000 millones. Entonces, si no se tiene el financiamiento en el mercado y no llegan los dólares del Fondo, puede forzar a una monetización del Banco Central, que es del 14% de la base monetaria, que puede generar una presión en el tipo de cambio y en la inflación.
-¿Qué le quedaría por hacer a la próxima gestión para poder pagar esta deuda?
-Será un gobierno que reciba la “herencia de la herencia”, en términos de aceleración de la inflación y deuda, y recibirá un programa financiero por el que hay concentrados pagos por u$s30.000 millones en 2020. Entonces va a ser clave que resuelva la reestructuración de la deuda. El 87% de los vencimientos del año que viene es de ley local, y la mitad de los mismos está en pesos. Entonces eso va a generar la necesidad de algún trato de la deuda, especialmente en letras de corto plazo.
Igual está bien aclarar que los fundamentos no son los mismos que 2001, respecto al ratio deuda/PBI, ya que ahora se generó un superávit comercial. Entonces lo que va a tener que hacer el próximo gobierno es un reperfilamiento de plazos, sobre todo en las letras cortas y en los bonos en dólares con ley local, para que eso le de aire al programa financiero sin una quita nominal. Así va a poder bajar la tasa de interés por reestructuración, algo que permitirá estabilizar el tipo de cambio, y a partir de ahí tratar de abrir el mercado financiero. Esto se debe a que se necesitan dólares para crecer y las exportaciones no alcanzan.
-Habla de reestructuración, ¿cómo debería encararse?
-El problema del perfil de la deuda está concentrado en 2020 en letras de corto plazo, que representan en total unos u$s14.000 millones entre pesos y dólares, y los vencimientos de capital de bonos en dólares en ley local, donde hay ahí unos u$s4.000 millones. En ese contexto, el Gobierno debe enfocarse en la extensión de plazos, sobre todo en las letras que abundan en el programa financiero del año que viene, sin quita nominal y con un compromiso de ir alcanzando gradualmente un superávit fiscal, que permita estabilizar la relación deuda/producto. Ahí se tendrá que ver cómo desindexar el gasto público que ajusta por ley a la inflación pasada, donde las jubilaciones son el gran problema porque es el 60% del gasto primario, y también los subsidios, que son el 10% del gasto primario. Con el salto del tipo de cambio y el congelamiento se volvió a generar un atraso y un consecuente aumento de los subsidios.
-¿La reestructuración sería similar a la realizada por Uruguay en 2003?
-Para que sea amigable con el mercado sin una pérdida fuerte, hay que recordar que Uruguay tuvo una quita en 2003 por debajo del 10% y fue sólo una extensión de plazo del capital de alrededor de seis años, no hubo quita nominal de capital, ni de cupón. Para ir a eso, Uruguay tuvo un compromiso muy fuerte desde lo fiscal y monetario porque pasó de un déficit fiscal de un punto de producto antes de intereses a un superávit de 3,5% en dos años y con el Fondo Monetario Internacional adentro. Entonces, hacer una quita baja y una reestructuración amigable debe venir con un compromiso muy fuerte de ir al superávit fiscal, que se requiere para estabilizar la relación deuda/PBI, que es 2,5%.
-¿Cómo se comportará el dólar en estas semanas con fuerte incidencia electoral?
-Se está en un contexto donde se tiene un tipo de cambio que es alto para la cuenta corriente comercial (se generó un superávit comercial por la caída de las importaciones), pero no se estabilizó el dólar financiero por las dudas que hay sobre el país, por eso se tiene salida de capitales. Entonces, si la próxima gestión logra una buena reestructuración y baja el riesgo país, será un buen punto de partida para estabilizar el tipo de cambio, frenar la fuga y bajar la tasa de interés. Eso tiene que venir de la mano de un programa monetario y fiscal consistente porque se necesita generar credibilidad y una posición amigable con el mercado.
-¿A qué precio se podría estabilizar el dólar?
-Hoy el tipo de cambio ajustado por inflación es alto, es el doble que en diciembre de 2001 y 85% más alto que en noviembre de 2015.
-En este escenario, ¿es factible que el próximo gobierno haga el ajuste fiscal que se necesita?
-No por convicción política, sino por necesidad se debería hacer. Por la forma en que llega la economía al 2020 no hay forma de financiar populismo y salir ilesos. Si se quiere poner plata en el bolsillo a la gente y que la economía empiece a crecer, se necesita estabilizar las variables financieras, reabrir el mercado de capitales, conseguir dólares y se precisa que se vaya a un superávit fiscal ante intereses, sino, por la nominalidad en que llega la economía y el problema de la deuda, se va a chocar.
-Mencionaba que se puede “chocar” en caso que el próximo Presidente decida por hacer populismo, ¿de qué forma podría profundizarse la crisis?
-Si la próxima gestión hace una reestructuración con una quita muy fuerte, no amigable con el mercado, y ceba el gasto público financiado con emisión monetaria, eso genera un riesgo de la espiralización de la inflación y caída en el nivel de la actividad por cómo llega la demanda de dinero y el programa financiero más complicado.
-¿Y qué se debería hacer entonces para superar la crisis?
-Un gobierno de Alberto Fernández puede tener más cintura en el Congreso para poder acordar con el Fondo. Hay que poner una agenda de reformas estructurales (previsional, laboral y tributaria) que permitan mejorar la competitividad, en un contexto donde la economía vuelva a crecer.
-Macri se abrió al mercado de capitales, ¿por qué no pudo hacer crecer la economía?
-Macri hizo eso, el problema es que no bajó el déficit fiscal en 2016 y 2017, eso combinado con una política monetaria muy ansiosa en la velocidad en que se intentó bajar la inflación, terminó inflando a las Lebac y duplicando el déficit de la cuenta corriente financiada con deuda. Cuando el mercado le bajó el pulgar, empezó el verdadero ajuste: el shock del tipo de cambio aceleró la inflación y el poder adquisitivo (el salario real) bajó 14%, el Banco Central subió las tasas por las nubes y cortó el crédito. En ese contexto recesivo perdió capital político y eso generó mayor inestabilidad financiera por el miedo del mercado a la vuelta del populismo. Lo que empezó como una crisis cambiaria terminó como una crisis de deuda y en la parte final terminó con tensión en los bancos.

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