Martes 24 de noviembre de 2020

Larreta no oculta su estrategia en la carrera al 2023

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Con la vista puesta en 2023 y teniendo en cuenta que el ciclo de 8 año como Jefe de Gobierno de la Ciudad se acaba ese año, Rodríguez Larreta utilizó la competencia del 2019 para ir sumando actores y espacios políticos a su armado. Pero no solamente para reelegir, sino, y en perspectiva, con la mirada puesta cuatro años más adelante.

Rodríguez Larreta no es Mauricio Macri. Es, sin duda, uno de los dirigentes de mayor entidad en Cambiemos. Para ganar hay que sumar mas votos que el adversario, como afirmaba el general Perón. Y Rodríguez Larreta es esencialmente peronista en su concepción del poder. Tal vez peronista de una especie de neo-menemismo que nunca terminó de definirse. Pero, a diferencia de lo que sucedió con Macri, los peronistas son muy bien recibidos en su armado.

De izquierda a derecha: Santilli, Larreta, Frigerio y Lousteau

Si bien sumó y convocó a radicales, socialistas, lilitos, expresiones vecinales y comunitarias en sus listas electorales para 2019, en su mesa chica están Emilio Monzó y Rogelio Frigerio -tradicionalmente maltratados y malpagos por el macrismo-, su vice sigue siendo Daniel Santilli, su estrategia de implantación territorial es esencialmente peronista. El propio Rodríguez Larreta tiene un largo pasado peronista menemista y su excelente relación con Maria Eugenia Vidal le aseguraría tener un referente de mucho peso para encabezar la lista de la Provincia de Buenos Aires.

Mientras que Mauricio Macri insiste en presentarse como líder de Juntos por el Cambio, los radicales le bajaron el pulgar. En el Pro las aguas están divididas, pero la caja la tiene Rodríguez Larreta. Al ex presidente sólo le quedan Miguel Pichetto, Patricia Bullrich y Marcos Peña, que tienen en claro que su futuro político está atado a que Macri consiga sobrevivir políticamente. Pero por todos lados estallaron las ambiciones personales de liderazgo. Muchos nombres pueden ser tenidos en cuenta: Gerardo Morales o Alfredo Cornejo por la UCR en primera fila. Pero todos tienen en claro que, por importancia del distrito que maneja, por caja disponible y por resultados de su gestión, Rodríguez Larreta es casi número puesto al día de hoy. Ya la CABA consiguió imponer dos presidentes en veinte años, lo que constituye una especie de premonición: para articular la oposición al peronismo o al kirchnerismo, el único trampolín habilitado parece ser el porteño.

Horacio Rodriguez Larreta con Alfredo Cornejo

Horacio Rodríguez Larreta sabe que no le conviene confrontar, por ahora, con Alberto Fernández. Evita hablar sobre Cristina. Encuentra puntos de sintonía con el actual presidente en la propensión al diálogo y a la negociación política. También sabe que ser reconocido por el presidente de signo opuesto como el referente de la oposición le allana el camino a su candidatura. Algo que a Mauricio Macri le vino muy bien, por cierto. Y a Fernando de la Rúa también.

El trabajo silencioso del jefe de Gobierno porteño no se limitó a su respetuoso apoyo de muchas de las iniciativas de Alberto Fernández. Ya tiene operadores desplegando su actividad por buena parte de la Argentina, a las órdenes de su Ministro de Gobierno Bruno Screnci Silva. Ya mantuvo reuniones con una docena de intendentes bonaerenses, correntinos y cordobeses. Schiaretti lo mira con simpatía. Rovira también.

Para el mes de junio Rodríguez Larreta está organizando un festival de homenaje a las provincias argentinas, denominado “Buenos Aires celebra las regiones”. La fecha no es casual: será el mes siguiente a la elección de autoridades nacionales del PJ, que la oposición aspira a que deje muchos heridos y encienda el “fuego amigo” dentro del Frente de Todos.

También designó a varios funcionarios que responden a Monzó y a Frigerio, y recurrirá cada vez más al asesoramiento de la consultora que éstos fundaron como pantalla para su actividad política.

Algunos toman el proyecto de Rodríguez Larreta como una revancha del ala política de Juntos por el Cambio. Aquella que fue sistemáticamente excluida, con el resultado conocido: la derrota electoral que significó que, por primera vez, un presidente que se presenta a reelección no lo consiga. Mientras Macri apuesta a descargarse de responsabilidades y a proyectarse en el plano internacional a través de la Fundación FIFA, el jefe de Gobierno porteño se dedica a la política real. La que conoce y domina a la perfección. Sabiendo, en definitiva, que su suerte estará ligada al éxito o al fracaso de la gestión de Alberto Fernández.

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