Domingo 22 de septiembre de 2019

Qué son los ultra procesados y por qué evitarlos

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Primero lo primero, y para que quede claro. Los “alimentos ultra procesados” no son comida, sino preparaciones industriales comestibles, que no son saludables, que estimulan el apetito de manera artificial y que, sobre todo, están relacionados con múltiples enfermedades.

 ¿Qué son los productos ultra procesados?

La diferencia entre comida y ultra procesados es sustancial, y la explica el nutricionista Carlos Ríos: “Estos productos son preparaciones industriales comestibles elaboradas a partir de sustancias derivadas de otros alimentos. Realmente no tienen ningún alimento completo, sino largas listas de ingredientes. Además, estos ingredientes suelen llevar un procesamiento previo como la hidrogenación o fritura de los aceites, la hidrólisis de las proteínas o la refinación y extrusión de harinas o cereales. En su etiquetado es frecuente leer materias primas refinadas (harina, azúcar, aceites vegetales, sal, proteínas) y aditivos (conservantes, colorantes, edulcorantes, potenciadores del sabor, emulsionantes)”.

“En este grupo de ultra procesados podemos encontrar, desgraciadamente, el 80% de los comestibles que venden en los supermercados: las bebidas azucaradas, precocinados, carnes procesadas, galletas, lácteos azucarados, postres, dulces, cereales refinados, pizzas, patitas de pollo, barritas energéticas o dietéticas, etc” cerró Ríos.

Hay otros productos procesados (sin el ultra) que sí son saludables, porque no interfieren o incluso mejoran la calidad del alimento como, por ejemplo, el aceite de oliva, los quesos artesanos, las conservas de pescado, verduras o legumbres, además de las hortalizas o pescados congelados.

¿Por qué gustan tanto?

“Los ultra procesados están fabricados para promover su máximo consumo y para ello cuentan con características organolépticas de procedencia industrial, que estimulan el apetito de manera intensa. Además, en nuestro entorno abundan por todas partes de manera muy accesibles e irresistibles y la publicidad nos persigue para que los compremos. Cuanto más ultra procesados consumimos, menos comida real está presente en nuestra dieta. Por lo que perdemos calidad por doble partida”, expone Ríos.

¿Realmente son tan malos?

“La mayoría de estos alimentos contienen al menos una de las siguientes sustancias: sal, grasas poco saludables, azúcar y aditivos, aunque en la mayoría de los casos presentan las cuatro a la vez”, explica la también nutricionista Andrea Sorinas. “También es muy común la presencia de harinas refinadas en estos alimentos. Todas estas sustancias no solo nos aportan calorías vacías, sino que son perjudiciales para nuestra salud”.

Si nos ahondamos un poco nomas, descubriremos que predominan los aditivos, conservantes, estabilizantes, emulsionantes, disolventes, edulcorantes y potenciadores sensoriales de color y sabor. “A menudo, para la fabricación de un alimento muy procesado, se elimina una parte muy importante del alimento original. Un ejemplo podría ser el refinamiento de las harinas en el que se elimina el salvado y el germen del cereal, que son partes del alimento indispensables para que éste sea saludable”, detalla Sorinas.

¿Crean adicción?

Este tipo de productos son baratos, cómodos, ricos, accesibles y además se conservan durante mucho tiempo.  lo cual nos puede crear un hábito o dependencia, porque además de ir contra la publicidad o nuestra pereza, luchamos contra la genética y nuestro cerebro, que naturalmente piden este tipo de alimentos a modo de recompensa.

Las aseveraciones sobre si uno es más de salado o de dulce tienen su razón científica. ¿Pero la comida, dulce o salada, genera adicción? “Depende de cómo se defina adicción: si la definimos como una conducta caracterizada por la búsqueda compulsiva de recompensa (placer) a pesar de las consecuencias nocivas que conlleva este comportamiento, es razonable decir que la comida, en efecto, puede generar adicción. Seguramente no en cualquier individuo, sino en individuos con una predisposición genética (más los factores ambientales que hacen que se manifieste la adicción) igual que sucede con otras adicciones”, precisa Berciano.

¿Son los ultra procesados culpables del aumento de la obesidad?

“La comida ultra procesada está detrás de los problemas de obesidad en el mundo”, asegura Javier García, técnico en alimentos.

Y el problema no sólo en adultos y niños (mal alimentados por los adultos), sino también en los jóvenes, en época de independencia. Un joven de 25 años que se va de la casa, ¿qué va a comer? Lo sabemos todos: pasta. Y sino alguna lata de vegetales en lata y ahí otra de atún; eso es comida rápida. Pero, claro, ambas latas sumadas hoy ya cuestan algunos pesos. Y la pasta siempre será aliada de los bolsillos flacos.

El tema es concientizarse y comer comida real. Ir por aquellos productos que vienen directamente de su producción y que llegan al consumidor tras una mínima transformación: la leche fresca, el pescado del mar, las frutas, verduras u hortalizas. Las galletitas no son alimento. Hay que huir de las gaseosas, jugos procesados, panadería en general.

Esa acumulación de grasas, azúcares y sales no es saludable para nada. Si te comés una tostada de salmón con palta y ananá, ahí también hay grasas y azúcares. Pero con un ejército de nutrientes que compensa, distribuye y gestiona eso. Si te comés una dona, hoy tan de moda, con una gaseosa cola, ahí tenés grasa, azúcar y sal y nada positivo que equilibre la balanza.

¿Qué partes de nuestro cuerpo daña el consumo de ultra procesados?

Para no entrar en clases de bioquímica, vamos a resumirlo. Una bebida energética y un paquete de galletitas, por ejemplo, le suponen al páncreas unos 200 gramos de azúcar que puede gestionar entre uno y tres días, pero que, a la larga y semana tras semana, lo acaba volviendo loco ante tal exigencia. La insulina se dispara y se crea una alteración a nivel metabólico, lo que se llama diabetes tipo 2. Conocida por todos, lamentablemente.

El cuerpo tiene un exceso hepático de grasa. Y esto nos genera colesterol alto porque por el azúcar se accede al colesterol. Y acarrea también problemas de tipo cardiovascular y además como sobra tanta energía el cuerpo la acumula en forma de grasa y de ahí que la obesidad, la hipertensión cardiovascular. buen combo, ¿no?

De nuevo, parece obvio y fácil, pero aun asi la población mundial sigue sin darle la debida importancia y el consejo no debería resultar tan difícil de seguir.

Hay que focalizar en el consumo de alimentos sin etiqueta y sin lista de ingredientes, alimentos frescos de primera necesidad como frutas, verduras, hortalizas, legumbres, frutos secos, semillas, cereales integrales, huevos, carne y pescado frescos. Mas resumido: comida real.

Para mas detalles, y como siempre recomiendo si tienen alguna duda, consulte con un profesional adecuado.

Lic. Jordan Vecino.

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